Has visto su trabajo cien veces. Su nombre no te suena de nada.
Dr. Strangelove. Bullitt. Midnight Cowboy. Beetlejuice. The Addams Family. Philadelphia. Men in Black. Good Will Hunting. L.A. Confidential.
Todas tienen algo en común además de ser buenas películas: los títulos de crédito los diseñó el mismo hombre. Y ese hombre, Pablo Ferro, nació en Antilla, Holguín, Cuba, el 15 de enero de 1935, y emigró a los Estados Unidos con sus padres en 1947, cuando tenía doce años.
Un cubano autodidacta que llegó a Nueva York sin saber inglés y que acabó siendo, en palabras de Jonathan Demme, “el mejor diseñador de títulos de crédito de Estados Unidos”. Y en palabras del propio Kubrick, el padre de la estética visual de los años 60 y del lenguaje que décadas después adoptaría la MTV.
Nadie sabe su nombre. Todo el mundo ha visto su trabajo.
De los cómics de Stan Lee a los anuncios de televisión
El joven Ferro desarrolló su interés en el cine trabajando como acomodador en una sala de la calle 42 que proyectaba películas extranjeras. Afiló su sentido gráfico trabajando con Stan Lee en Atlas Comics, donde como dibujante produjo una serie razonable de historias de terror, ciencia ficción y aventura de inspiración EC antes de pasarse a la animación.
Su primer trabajo fue en un estudio que producía comerciales en blanco y negro, donde recibió formación de primera mano de un legendario animador, el ex veterano de Disney William Tytla, conocido por animar al diablo en la secuencia de “Una noche en el Monte Pelado” de Fantasia.
Comerciales de televisión. Es el mundo que lo formaría sin que él lo supiera todavía. Ferro desarrolló una técnica de montaje rapidísimo — decenas de cortes en pocos segundos, imágenes que se superponen, ritmo visual que no existía antes en pantalla — que funcionaba perfectamente para vender cosas en treinta segundos. Lo que nadie esperaba es que ese mismo lenguaje iba a transformar el cine.
Kubrick, el accidente y los errores tipográficos que no se corrigieron
Kubrick tenía programado a Arthur Lipsett como su diseñador y montajista del trailer de Dr. Strangelove, pero éste lo rechazó a pesar de la carta que recibió de Kubrick donde le decía que lo admiraba mucho por su cortometraje. Y finalmente Pablo Ferro terminó realizando los créditos y el trailer con la técnica de corte y pegado rápido que incluía 125 imágenes por minuto.
Ferro llegó a Dr. Strangelove por accidente. No era el plan de Kubrick. Era el plan B. Y resultó ser la mejor decisión de producción de esa película en lo que a diseño se refiere.
Kubrick quería filmar todo usando aviones a escala, pero Ferro lo disuadió para que lo filmaran con aviones reales y pusieran las letras de los créditos en diferentes tamaños y escritas a mano. El lettering manuscrito con letras intencionadamente alteradas en grosor, altura e interletraje, que parecen dibujadas sobre los fotogramas de los aviones en vuelo. Nada parecido existía antes en los créditos de una película de Hollywood.
Y luego están los errores. Ferro cometió erratas tipográficas en los títulos — errores de ortografía en los nombres de los créditos — y Kubrick decidió no corregirlos. Era parte del carácter. La imperfección como decisión estética deliberada, no como descuido. Su trabajo enseña que a pesar de lo que productores, sindicatos o el mundo del diseño puedan insistir, la creatividad no tiene que estar encajonada por tipografías, cuadrículas, estilo, tamaño, color — o incluso la ortografía — para ser exitosa.
1997: cuatro películas ganadoras del Oscar en un solo año
En 1997 Ferro tuvo un año estelar, creando los diseños y secuencias de títulos para las películas ganadoras del Oscar Good Will Hunting, As Good as It Gets, L.A. Confidential y Men in Black.
Cuatro películas ganadoras del Oscar. En un solo año. Cuatro tonos completamente distintos — el drama de instituto de Gus Van Sant, la comedia de James L. Brooks, el noir de Curtis Hanson, el blockbuster de sci-fi de Barry Sonnenfeld — y los cuatro con la misma firma invisible de Ferro detrás.
Entre sus títulos también está Bullitt, Cowboy de medianoche, Philadelphia, La familia Addams y Beetlejuice. Y además de diseñar, Ferro trabajó con su amigo cercano el director Hal Ashby en Harold and Maude, Bound For Glory y Being There, y también codirigió la película del concierto de 1983 de The Rolling Stones, Let’s Spend the Night Together.
Un hombre que trabajó con Kubrick, Spielberg, Gus Van Sant, Tim Burton, Barry Sonnenfeld y Los Rolling Stones, y que sigue siendo prácticamente desconocido para el gran público.
Lo que hacía que sus títulos fueran distintos
Sus piezas, habitualmente compuestas por tipografías de carácter manuscrito, llenaban la pantalla gracias a sus letras intencionadamente alteradas en grosor, altura o interletraje. Tenían tanto carácter y personalidad que lograban alcanzar mayor protagonismo en la pantalla que cualquier otro elemento visual que las acompañara. Al mismo tiempo, agregaban una nueva dimensión narrativa. Sus títulos de crédito tenían el poder de contar historias en lo que duraba su proyección.
Antes de Ferro, los títulos de crédito eran exactamente eso: una lista de nombres y cargos sobre un fondo negro o sobre la imagen inicial de la película, con una tipografía limpia y sin más pretensión que la de informar. Ferro decidió que podían ser otra cosa. Que podían ser la primera escena de la película. Que el tono, el ritmo, la emoción de lo que ibas a ver podían comunicarse en esos dos o tres minutos antes de que empezara la acción.
A veces rayaba los títulos de crédito directamente en los fotogramas. Sucio, rústico, desordenado. Lo contrario del diseño editorial pulido y correcto. Y precisamente por eso funcionaba.
Por qué esto va aquí
Ferro hace con la tipografía lo mismo que Annie Atkins hace con los props gráficos: convierte algo que se supone que tiene que ser invisible en algo que se ve, se siente y se recuerda. El diseño que mejor funciona en el cine es el que parece que siempre estuvo ahí, que no podría haber sido de otra forma. Ferro llegó a eso rayando letras a mano sobre fotogramas, cometiendo erratas que Kubrick decidió no corregir, y editando a 125 imágenes por minuto cuando nadie hacía nada parecido.
Murió el 16 de noviembre de 2018 en Sedona, Arizona. Tenía 83 años.
Si quieres verlo todo junto, busca en YouTube “Pablo Ferro title sequences”. Cuarenta minutos de apertura de películas que conoces de memoria, y de repente ves la mano del mismo hombre detrás de todas ellas.
